Padre Marcos Galvis

El peligro del fariseísmo: cómo ser un buen servidor de Dios

San Lucas 11, 42-46 · Miércoles 14 de Octubre de 2026

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📖 Miércoles del Tiempo Ordinario

Lectura del Santo Evangelio: San Lucas 11, 42-46

En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar sin descuidar aquello.

¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencia en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!».

Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo: «Maestro, al hablar así nos insultas también a nosotros». Jesús le respondió: «¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!».

Palabra del Señor — Gloria a ti, Señor Jesús

«El servidor del Señor no está solamente para pararse y decir 'hagan'; está para ayudar a hacer, para ir de primero y hacer las cosas bien.»

Servir en la Iglesia no consiste en mandar, dar órdenes ni imponer exigencias a los demás mientras uno permanece con los brazos cruzados. Jesús lanza una dura advertencia contra los escribas y fariseos porque abrumaban a las personas con preceptos minuciosos, pero ellos mismos no movían ni un dedo para ayudar. La verdadera vocación del servidor cristiano nace de la humildad, la entrega constante y el deseo sincero de acompañar al hermano con el propio testimonio.

Mandar a otros o arrimar el hombro

A muchas personas les encanta sentirse jefes y distribuir obligaciones. En las comunidades parroquiales suele ocurrir que algunos servidores exigen compromisos ajenos sin involucrarse ellos mismos. El Padre Marcos Galvis recordó una lección personal que marcó su ministerio: durante años insistió a los fieles diciendo «lean la Biblia», hasta que una anciana humilde y analfabeta lo llamó por teléfono para confrontarlo. Con sencillez, ella le explicó que no sabía leer y le preguntó por qué, en lugar de limitarse a mandar, no la leía él para que ella pudiera escucharla. Aquella llamada le hizo comprender que no bastaba con ordenar; había que facilitar el camino. De esa experiencia nació la iniciativa de leer las Sagradas Escrituras en comunidad, versículo por versículo, acompañando de verdad al pueblo de Dios.

La trampa de cumplir solo con dinero y apariencias

Jesucristo reprocha a los fariseos que diezmen con rigor la hierbabuena y la ruda, pero descuiden lo esencial: la justicia y el amor a Dios. Muchas veces se cae en el error de pensar que aportar una colaboración económica o lucir un uniforme exime del compromiso espiritual. El sacerdote compartió la historia de una comerciante adinerada que colaboraba generosamente con víveres y recursos materiales en la parroquia, pero se negaba a asistir a la Santa Misa dominical alegando que su negocio no se lo permitía. Ante esta postura, el Padre Marcos rechazó sus donaciones materiales recordándole que Dios no necesita limosnas vacías, sino la salvación del alma y la conversión del corazón. La caridad auténtica no compra el cielo ni sustituye los sacramentos; quien ayuda a la Iglesia debe también santificarse en ella.

El verdadero servicio empieza por la propia casa

No se puede ser luz en el templo y oscuridad en el hogar. El Evangelio desenmascara a quienes buscan los primeros puestos y los saludos respetuosos en las plazas, olvidando la coherencia de vida. Un cristiano que participa en los ministerios debe reflejar su fe ante su familia, educando a sus hijos en los mandamientos y acercando a su cónyuge a Dios. Con frecuencia se aplica el conocido refrán de «en casa de herrero, cuchillo de palo»: servidores activos cuyos hijos no van a misa, no conocen la doctrina básica o no han recibido los sacramentos. Asimismo, servir exige preparación seria y respeto por lo sagrado. No se puede improvisar la proclamación de la Palabra, descuidar la oración personal ni subir al altar sin haber repasado las lecturas. El servidor auténtico es aquel que está listo para cualquier tarea humilde: recoger un papel del suelo, limpiar, cantar, leer con unción y, sobre todo, reflejar a Cristo tanto dentro como fuera de la iglesia.

Cómo aplicar esta palabra hoy en tu vida

1

Acompañar antes que imponer: Evita exigir a tu familia o a los miembros de tu comunidad tareas que tú no estás dispuesto a realizar junto a ellos.

2

Priorizar la propia vida espiritual: No permitas que el activismo o las aportaciones materiales reemplacen la confesión frecuente, la Santa Misa y la oración diaria.

3

Preparar el servicio con respeto: Si te corresponde leer, cantar o apoyar en la liturgia, repasa con tiempo y preséntate bien preparado ante Dios.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa que los fariseos pagaban el diezmo de la ruda y la hierbabuena?

Significa que cuidaban de forma exagerada detalles minúsculos de la ley civil y religiosa, entregando incluso una porción de las hierbas del huerto, pero descuidaban los mandamientos principales de Dios: la justicia, la misericordia y la caridad con el prójimo.

¿Por qué Jesús compara a los fariseos con sepulcros que no se ven?

Porque aparentaban rectitud por fuera, pero por dentro estaban llenos de impureza, vanidad e hipocresía. Quienes se relacionaban con ellos se contaminaban de su doblez espiritual sin advertir el daño moral que les causaban con su mal ejemplo.

¿Por qué Jesús denuncia a los doctores de la ley?

Porque utilizaban su conocimiento de las Escrituras para multiplicar normas pesadas e interpretaciones rígidas sobre el pueblo, pero no ofrecían ninguna ayuda práctica ni compasión para aliviar esas exigencias en la vida diaria de los creyentes.

¿Cómo debe ser el servicio cristiano según el Evangelio?

Debe realizarse con humildad, preparación y coherencia. Un buen servidor no busca el reconocimiento público ni se dedica solo a mandar; asume las tareas más sencillas, da buen ejemplo en su propio hogar y vive los sacramentos con fidelidad.

Oración de Hoy

Señor Jesús, líbranos del orgullo del fariseo y de la tentación de exigir a otros lo que nosotros no queremos vivir. Danos un corazón humilde para servir con amor, preparando con esmero cada tarea que nos confíes en la Iglesia. Que nuestro testimonio sea sincero y comience siempre en el seno de nuestra propia familia. Amén.