Padre Marcos Galvis

Cuídense de la hipocresía y del temor vano: San Lucas 12, 1-7

San Lucas 12, 1-7 · Viernes 16 de Octubre de 2026

Toque el vídeo: empieza en la explicación del Padre Marcos

Suscribirme en YouTube Canal oficial del Padre Marcos Galvis
📖 Viernes del Tiempo Ordinario

Lectura del Santo Evangelio: San Lucas 12, 1-7

En aquel tiempo, se congregaron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unas a otras. Jesús comenzó a decir, en primer lugar a sus discípulos: Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay encubierto que no haya de descubrirse, ni oculto que no haya de saberse.

Por eso, cuanto dijisteis en la oscuridad se oirá a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones se proclamará desde las azoteas. A vosotros, mis amigos, os digo: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a aquel que, después de haber dado muerte, tiene poder para arrojar al infierno; sí, os digo, a este temed.

¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Y sin embargo, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos.

Palabra del Señor — Gloria a ti, Señor Jesús

«La hipocresía a nosotros nos lleva a actuar de forma falsa, nos lleva a hacer las cosas no buscando la voluntad de Dios, sino buscando el agrado de otros.»

La hipocresía en la vida cristiana es una actitud falsa que nace al actuar para agradar a los demás o por pura conveniencia personal, en lugar de buscar sinceramente la voluntad de Dios. Jesús nos advierte en el Evangelio de San Lucas que todo lo oculto saldrá a la luz y nos invita a vivir en la verdad, liberándonos del temor a los hombres y enseñándonos a respetar y temer únicamente a Dios, quien tiene cuidado absoluto de nuestras vidas.

La lección de la levadura y la búsqueda del aplauso humano

Jesucristo compara la hipocresía con la levadura de los fariseos. Una pequeña cantidad de levadura fermenta toda la masa; del mismo modo, una leve inclinación a las apariencias puede corromper por completo la vida espiritual de un creyente. En la predicación de hoy, el Padre Marcos Galvis explica que la hipocresía nos lleva a actuar de forma doble: mostramos una imagen piadosa hacia afuera, pero por dentro nuestro corazón está lejos de la voluntad divina. Cuando buscamos el reconocimiento o la aprobación de las personas, terminamos convirtiendo la fe en un espectáculo de apariencias.

El Señor nos recuerda que no hay nada encubierto que no vaya a ser descubierto. Todo aquello que intentamos esconder, las intenciones secretas y las palabras dichas en la oscuridad, tarde o temprano quedará al descubierto ante la verdad de Dios. Por eso, el discípulo verdadero debe cultivar la rectitud de intención, viviendo con la misma coherencia en público y en privado.

Buscar a Dios por amor y no solo por interés de sanación

Un punto central que destaca el Padre Marcos Galvis es la actitud con la que nos acercamos a Cristo. En el texto bíblico vemos cómo las multitudes se atropellaban para estar cerca de Jesús. Sin embargo, muchas veces la gente busca al Señor únicamente cuando necesita un favor temporal, una sanación física, una oración de liberación o un alivio inmediato a sus problemas. Nos apretujamos en los templos cuando hay promesas de milagros, pero nos mostramos fríos e indiferentes ante la presencia real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía durante el culto cotidiano.

Dios desea una relación filial auténtica, fundada en el amor y en el deseo de cumplir sus mandamientos, no en la conveniencia ni en el egoísmo. Servir al Señor por interés es otra manifestación sutil de la hipocresía. Debemos aprender a buscar a Dios por ser quien es: nuestro Creador, nuestro Salvador y nuestro bien supremo, valorando la Eucaristía en cada misa y no solo en los momentos de apuro.

¿A quién debemos temer realmente en nuestra vida cristiana?

Jesús enseña a sus amigos a no temer a quienes solo pueden matar el cuerpo y después no tienen más que hacer. El verdadero peligro no radica en el sufrimiento corporal ni en las persecuciones del mundo, sino en aquello que destruye la gracia y condena el alma. El Señor nos invita a temer a aquel que tiene el poder de arrojar el alma al infierno, es decir, a la fuerza del pecado y al enemigo que busca alejarnos para siempre de la salvación.

A menudo caemos en el error de temer la crítica social, el rechazo de los amigos o las presiones del entorno, mientras descuidamos la salud espiritual. El temor santo no es un miedo paralizante, sino un profundo respeto y reverencia hacia Dios, acompañados del temor filial a ofender su amor infinito por causa del pecado.

El valor infinito de cada alma ante los ojos de Dios

Para reconfortar el corazón del creyente, el Evangelio concluye con una hermosa enseñanza sobre la Providencia divina. Si Dios no se olvida ni de un pequeño pajarillo que se vende por pocas monedas, mucho menos se olvidará de sus hijos. Cada uno de nosotros tiene un valor incalculable ante sus ojos, hasta el punto de que los cabellos de nuestra cabeza están todos contados.

Esta certeza nos da la fortaleza para rechazar la hipocresía y vivir con valentía. Al saber que estamos en las manos amorosas del Padre celestial, podemos liberarnos de las falsas máscaras y caminar en la verdad. Para vivir esta coherencia en el día a día, conviene recordar los siguientes compromisos:

Cómo aplicar esta palabra hoy en tu vida

1

Examinar la intención del corazón: Revisa diariamente si tus actos religiosos o buenas obras los realizas para agradar a Dios o para buscar el reconocimiento de los demás.

2

Frecuentar la Eucaristía por amor: Acude a la Santa Misa y al Santísimo Sacramento con fidelidad constante, no solo cuando busques una sanación o un favor material.

3

Perder el miedo a la opinión pública: Mantén la valentía de vivir tu fe católica de manera transparente, recordando que Dios conoce cada detalle de tu vida y te sostiene.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa la levadura de los fariseos en la Biblia?

La levadura de los fariseos representa la hipocresía y la falsedad. Jesús utiliza esta comparación porque una pequeña cantidad de levadura hace fermentar toda la masa. De la misma forma, permitir la simulación o el deseo de agradar a las personas en lugar de a Dios termina corrompiendo toda la vida espiritual de un cristiano, destruyendo la sinceridad del corazón.

¿Por qué Jesús nos pide no temer a quienes matan el cuerpo?

Jesús nos enseña que los perseguidores o peligros terrenales solo pueden dañar nuestra vida física, la cual es temporal. Lo verdaderamente valioso es el alma y nuestra salvación eterna. Por ello, el Señor nos exhorta a no dejarnos intimidar por las amenazas del mundo y a vigilar sobre el pecado, que es lo único que puede apartarnos definitivamente de Dios.

¿A quién se refiere la Biblia cuando dice que temamos a quien puede arrojar al infierno?

La cita bíblica hace referencia al santo temor de Dios y a la necesidad de huir de las ocasiones de pecado. No se trata de un miedo servil o aterrorizado, sino de una reverencia profunda hacia la justicia de Dios y un cuidado supremo por no perder la gracia ni comprometer la salvación eterna de nuestra alma por complacer al mundo.

¿Qué nos enseña la frase sobre los pajarillos y los cabellos contados?

Esta enseñanza muestra el amor providente y minucioso de Dios por cada ser humano. Si el Padre celestial cuida de las aves más pequeñas, con mayor razón vela por cada uno de sus hijos. Saber que Dios conoce hasta el último detalle de nuestra existencia nos da plena confianza para abandonar la hipocresía y vivir tranquilos en su verdad.

¿Cómo evitar caer en la hipocresía dentro de la Iglesia?

Para evitar la hipocresía se debe buscar la coherencia entre lo que se cree, se dice y se vive. El Padre Marcos Galvis enfatiza que debemos purificar nuestras intenciones al orar o participar en los sacramentos, asistiendo por amor sincero a Dios y no por buscar apariencias, estatus social o únicamente milagros de sanación física.

Oración de Hoy

Señor Jesús, concédenos la gracia de un corazón puro y libre de toda hipocresía para vivir siempre en tu verdad. Líbranos del temor a las opiniones del mundo y enséñanos a amarte con sinceridad, valorando tu presencia viva en la Santa Eucaristía. Ponemos nuestras vidas y nuestras almas en tus manos de Padre, confiando plenamente en tu amorosa Providencia. Amén.