Lectura del Santo Evangelio: San Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callado a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?».
Jesús le respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se funda toda la ley y los profetas».
Palabra del Señor — Gloria a ti, Señor Jesús«La unión entre decir 'yo amo a Dios' y ver a mi hermano y amarlo también es algo que no podemos separar.»
El amor auténtico a Dios no puede separarse jamás del amor al prójimo ni quedarse en meros discursos. Frente a la pregunta capciosa de los doctores de la ley sobre cuál es el precepto principal, Jesucristo une de forma indisoluble dos realidades: entregarse al Creador con todo el ser y procurar el bien concreto del hermano necesitado. No existe cristianismo verdadero que descuide la caridad práctica o que se desentienda del cuidado de la casa de Dios.
La falsedad de una fe sin obras
Muchas personas se llenan la boca diciendo que aman al Señor, pero sus vidas demuestran lo contrario. El Padre Marcos Galvis subraya que la fe cristiana no se reduce a portar imágenes piadosas, rosarios en el cuello o gritar alabanzas sin compromiso. Como enseña el apóstol Santiago, una fe que no va acompañada de obras concretas de caridad hacia los demás es una fe estéril y vacía.
Resulta incoherente afirmar que se ama a Dios a quien no se ve, mientras se desprecia, ignora o niega el auxilio material al prójimo que padece hambre, frío o soledad. El juicio final relatado en el Evangelio medirá la sinceridad de nuestra entrega mediante las acciones realizadas con el hambriento, el enfermo y el forastero, pues en ellos habita el mismo Cristo.
El cuidado de las iglesias como signo de devoción
El amor que se profesa al Señor debe reflejarse visiblemente en el trato que se brinda a sus templos. A lo largo de la historia bíblica, hombres de fe como el rey David y Salomón procuraron con esmero que el lugar de culto fuera digno, reuniendo los mejores materiales para la gloria divina. Sin embargo, en la actualidad es común observar parroquias deterioradas, con techos rotos, pintura caída, bancos maltrechos y falta de servicios elementales, mientras las casas particulares lucen impecables.
Quien afirma amar a Dios no puede permanecer indiferente ante el abandono del templo parroquial. Es indispensable superar las excusas y la apatía; si existen dudas sobre la administración de los fondos, el fiel debe asumir la iniciativa de comprar directamente los materiales, financiar la mano de obra de albañilería o acudir personalmente a limpiar y restaurar las instalaciones de su comunidad.
La generosidad vence la mezquindad
La entrega al Señor exige vencer el egoísmo en la ofrenda dominical. Resulta vergonzoso aportar únicamente las monedas sobrantes cuando se invierte generosamente en gastos personales y placeres mundanos. El Padre Marcos Galvis exhorta a consagrar dignamente el fruto del trabajo, destinando de forma regular el valor de al menos una o dos horas del esfuerzo semanal para el sostenimiento del culto y las necesidades parroquiales.
El mandamiento supremo no tolera posturas tibias. Aquellos que se limitan a exclamar «Señor, Señor» sin realizar la voluntad divina ni comprometerse con el bienestar material del prójimo y de la parroquia corren el riesgo de ser desconocidos por Jesús en el día final. El auténtico amor a Dios se verifica cuando se desgastan las fuerzas y los bienes por su gloria.
Cómo aplicar esta palabra hoy en tu vida
Revisar el altar del hogar: Limpia con devoción el espacio donde conservas la Biblia o las imágenes sagradas en tu casa, manteniéndolo como un lugar digno de oración diaria.
Dignificar la ofrenda dominical: Ofrece en la colecta de la Santa Misa una contribución proporcional a tu trabajo semanal, evitando dar las monedas sobrantes de tu bolsillo.
Colaborar en las obras parroquiales: Pregunta a tu párroco qué mejoras materiales necesita el templo y dona pintura, materiales o mano de obra para reparar la casa de Dios.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el mandamiento más importante según Jesús?
Jesús enseñó que el mandamiento principal es amar al Señor con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. Inmediatamente añadió que el segundo es semejante: amar al prójimo como a uno mismo. Ambos mandamientos son inseparables y sostienen toda la revelación divina.
¿Por qué no se puede separar el amor a Dios del amor al prójimo?
Porque quien dice amar a Dios a quien no ve pero odia o desatiende a su hermano visible se engaña a sí mismo. Como recuerda la Sagrada Escritura, el amor auténtico hacia el Creador se hace visible en la ayuda material, el socorro y la misericordia con los necesitados.
¿Cómo demuestra un católico que ama a Dios con obras?
El amor a Dios se evidencia en la caridad hacia los pobres, la vivencia honesta de los mandamientos, la participación atenta en la Santa Misa y el cuidado constante del templo parroquial, colaborando con tiempo, trabajo y generosidad en sus necesidades materiales.
¿Por qué es importante cuidar y embellecer los templos parroquiales?
Porque la iglesia es la casa de Dios y el espacio donde la comunidad se reúne para rendir culto al Altísimo. Descuidar el templo refleja indiferencia hacia el Señor; velar por su limpieza, mantenimiento y ornato es una manifestación directa de gratitud y devoción filial.
Oración de Hoy
Señor Jesús, concédenos la gracia de amarte con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. Quita de nosotros toda tacañería para servirte generosamente en tu Iglesia y ayúdanos a reconocerte siempre en las necesidades de nuestros hermanos más pobres. Amén.