Padre Marcos Galvis

El traje de fiesta en el banquete: San Mateo 22, 1-14

San Mateo 22, 1-14 · Domingo 11 de Octubre de 2026

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📖 Domingo del Tiempo Ordinario

Lectura del Santo Evangelio: San Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: El Reino de los Cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero estos no quisieron venir. Envió de nuevo a otros criados para que les dijeran: Tengo preparado el banquete, he hecho matar mis terneras y los otros animales cebados; todo está listo, vengan a la boda. Pero los invitados no hicieron caso: uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los que habían sido convidados no eran dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta? Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Palabra del Señor — Gloria a ti, Señor Jesús

«El banquete eucarístico no se puede cambiar ni suplir por nada; ninguna excusa es válida para despreciar la santa misa.»

La parábola del banquete de bodas nos enseña que Dios nos convoca a una fiesta de salvación eterna, pero exige de cada invitado una disposición digna y un corazón verdaderamente preparado. Dios Padre preparó un gran banquete para su Hijo Jesucristo, que se actualiza de manera perfecta en cada Eucaristía, pero con frecuencia el ser humano responde con indiferencia, rechazo y pretextos banales para no asistir.

Las excusas cotidianas ante la invitación de Dios

En el pasaje bíblico, los primeros convidados desprecian el banquete alegando que deben atender sus tierras, compras o negocios. El Padre Marcos Galvis subraya que esta actitud se repite hoy en muchos católicos bautizados que inventan cualquier motivo para eludir la misa dominical. Decir que hay exceso de trabajo, cansancio, compromisos familiares o pereza equivale a despreciar la mesa del Señor. Nada terrenal puede anteponerse a la gracia que Dios ofrece en su altar.

El rechazo y la agresividad contra la Eucaristía

La parábola también muestra a invitados que no solo rechazaron el llamado, sino que maltrataron e insultaron a los siervos enviados por el rey. Como explica el Padre Marcos Galvis, existen personas que manifiestan hostilidad abierta contra la santa misa y la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento. Tanto ateos como miembros de sectas o creyentes tibios agreden verbalmente a la Iglesia y difaman la Eucaristía. Detrás del ataque y la burla a los sacramentos opera el enemigo de Dios, cuyo único objetivo es apartar a las almas del alimento que concede la vida eterna.

¿Qué significa el traje de fiesta en la misa?

Cuando la sala se llenó de personas de todos los caminos, el rey descubrió a un invitado que no vestía el traje apropiado. Este detalle simboliza la pureza interior y el estado de gracia necesarios para participar de los sagrados misterios. El traje de fiesta representa:

Ver la misa por internet no reemplaza la presencia física

Durante la pandemia, la transmisión de las celebraciones litúrgicas por televisión o redes sociales sirvió de consuelo para enfermos y personas confinadas. Sin embargo, hoy en día nadie con salud y posibilidad de trasladarse debe sustituir la misa parroquial por una pantalla. La comunión sacramental, la adoración comunitaria y la presencia física en el templo son insustituibles para cumplir el precepto y alimentar verdaderamente el espíritu.

Cómo aplicar esta palabra hoy en tu vida

1

Confesarse antes de comulgar: examinar la conciencia con regularidad y acudir al sacramento de la penitencia para no comulgar en pecado ni sin el traje de fiesta.

2

Priorizar la misa dominical: rechazar cualquier pretexto de trabajo, descanso o visitas familiares que impida participar presencialmente en la asamblea litúrgica.

3

Cumplir el ayuno eucarístico: abstenerse de comer o beber durante la hora previa a la sagrada comunión para disponer el cuerpo y el alma con respeto.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa el traje de fiesta en la parábola de las bodas?

El traje de fiesta simboliza la gracia santificante y la debida disposición del alma. Entrar al banquete sin él representa acercarse a las cosas sagradas o a la comunión sin arrepentimiento sincero, sin confesión y en pecado mortal, lo cual acarrea la propia condenación.

¿Por qué es obligatorio asistir presencialmente a la santa misa?

La Eucaristía es un banquete real y presencial instituido por Cristo donde la comunidad se reúne en torno al altar y recibe corporalmente su Cuerpo y Sangre. Las transmisiones digitales solo son válidas para enfermos o personas impedidas físicamente.

¿Qué consecuencias tiene comulgar indignamente según la Biblia?

San Pablo advierte en la Primera Carta a los Corintios que quien come el pan o bebe el cáliz del Señor indignamente se hace reo del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, comiendo y bebiendo su propia condena si no discierne el sacramento.

¿Por qué la gente pone excusas para no ir a la iglesia?

Muchas personas anteponen el apego a los bienes materiales, la pereza o diversiones pasajeras a las exigencias espirituales. La falta de fe en el valor infinito de la Eucaristía hace que cualquier tarea terrenal parezca más importante que el encuentro con Dios.

Oración de Hoy

Señor Jesús, concédenos valorar siempre el banquete celestial de la Eucaristía y acudir a tu mesa con el alma limpia y vestida con el traje de la gracia. Líbranos de las falsas excusas y del desprecio a tus santos sacramentos. Que tu Espíritu Santo nos mantenga firmes en la fe hasta el día de tu gloria. Amén.